Categoría: Más extraño que la ficción

Perdida

Con unas ventas sorprendentes en Estados Unidos, llegó a España hace unas semanas y se ha convertido en uno de los favoritos de los lectores de nuestro país.

Esta novela de Gillian Flynn trae, de nuevo, el género del thriller psicológico y nos aleja de tantos volúmenes de autoayuda y de la revolución causada por el fenómeno conocido como “porno para mamás”.

Amy y Nick son un matrimonio de escritores en la treintena que abandonan Nueva York, expulsados por la agonía de la crisis económica, y se mudan a Missouri.

El día de su quinto aniversario de bodas, Nick regresa a su casa y descubre que su mujer no está. Todo indica que ha sido un secuestro, porque hay señales de violencia.

Y ahí es donde comienza la búsqueda para encontrar a Amy. Aunque las esperanzas de encontrarla con vida van disminuyendo a cada página y el principal sospechoso parece ser el propio Nick.

Narrada en primera persona a dos voces, alternándose los pensamientos de Nick con el diario en pasado de Amy, Gillian Flynn consigue dibujar un retrato muy definido de la personalidad de ambos, llegando a familiarizar al lector con la forma de pensar de cada uno de ellos. Punto importante para lograr atrapar en esta trepidante trama.

Cubierta original de Perdida

Cubierta original de Perdida

Si hubiera que encontrarle algo negativo, sería cuánto tardan en desencadenarse los acontecimientos al principio. Sin embargo, puede interpretarse como un reflejo de la actitud y el ambiente de un pequeño pueblo del interior de los Estados Unidos.

Por lo demás, moralidad aparte, es una historia muy bien narrada, con toques de humor ácido y argumento intrincado. De hecho, la autora ya tiene firmados los derechos para una adaptación cinematográfica, que contará posiblemente con Reesse Witherspoon como protagonista.

Una buena lectura para estos días de sol intermitente…

Martes con mi viejo profesor

Hay libros que se buscan y libros que llegan. Probablemente, este no sea uno de esos que el lector decide añadir a su lista porque haya visto grandes campañas de publicidad, y menos ahora que ya han pasado varios años desde su primera edición. De hecho, su autor tuvo serias dificultades para conseguir publicarlo.

Y, desde luego, tampoco es que esta obra de Mitch Albom enamore por su planteamiento inicial. ¿Un hombre que visita cada martes a su antiguo profesor, porque éste se está muriendo de ELA —esclerosis lateral amiotrófica—, una enfermedad degenerativa? No, definitivamente, no es un argumento atractivo en exceso.

Sin embargo, ¿cómo es posible que haya llegado a vender millones y millones de ejemplares y se siga editando en distintos idiomas, transcurridos ya dieciséis años desde su primera publicación?

Fácil… porque habla de la vida.

A través de las charlas que Morrie, el profesor, y Mitch mantuvieron —porque está basado en una experiencia real—, se analizan temas tan importantes en la existencia del ser humano como la vida, la muerte, la familia, la autocompasión, el perdón, el amor, la amistad, el miedo, la felicidad, la sociedad o el dinero.

¿Demasiado para sólo 216 páginas? Esa es la clave, sencillo y directo.

No contiene un estilo narrativo extraordinario, ni una trama llena de giros y sorpresas. No hay grandes escenas, ni siquiera se recurre al sentimentalismo para emocionar al lector. Pero, sin duda, consigue algo… consigue empujar a la reflexión.

«Cuando hay aquí gente y amigos, estoy muy animado. Las relaciones de amor me sostienen.»

Una lectura recomendable, unas reflexiones, hoy en día, indispensables.

Morrie Schwartz disfrutando de una de sus pasiones, bailar.

Morrie Schwartz disfrutando de una de sus grandes pasiones, bailar.

Maggie, una chica de las calles

En la actualidad, Stephen Crane es conocido como uno de los pioneros del Naturalismo norteamericano y valorado por la crítica como uno de los autores con mayor capacidad de innovación entre sus coetáneos.

Con 16 años, ya había publicado unos cuantos artículos y, a pesar de su prematura muerte a los 28, consiguió escribir varias obras reconocidas mundialmente. Entre ellas, The Red Badge of Courage, una novela que trata sobre la Guerra Civil Americana, aunque Crane jamás llegó a pisar el campo de batalla. 
Pero, con toda seguridad, su obra decisiva, por la que sería recordado, es Maggie: A Girl of the Streets.
Esta breve novela, quizás relato largo, es considerada el primer ejemplo de Naturalismo no adulterado, dentro de la historia literaria americana. Sin embargo, en su día y ante las negativas de distintos editores, un Stephen Crane de tan solo 21 años decidió autoeditarse.
 La historia de Maggie es una dura muestra de la realidad vivida en los barrios pobres, marginales, creados a raíz de la industrialización de toda una sociedad que se había mantenido gracias a la agricultura.
La crudeza que emplea el autor se ve reforzada por figuras retóricas contundentes —sinestesia, sinécdoque, personificaciones, metáforas y la analogía de la protagonista con María Magdalena—, marcando la obra con un estilo propio. Mientras, por otra parte, se aprecia, claramente, la influencia no asumida de los textos de Émile Zola. Lo cual convierte a Maggie: A girl of the Streets en una demostración de cómo el determinismo biológico es imposible de superar.

Ellis Bell

¿Alguien tiene idea de quién fue? ¿Nos suena de algo este nombre? ¿Hemos leído algo suyo? La gran mayoría hemos hecho más que eso, aunque muchos ni siquiera supiéramos nada sobre esta persona entonces y, aún hoy, desconozcamos que utilizó este pseudónimo.
Si dijésemos que, junto con Acton y Currer, publicó un libro de poemas, mediante autoedición, ¿sería una pista decisiva para saber de quién estamos hablando? ¿No?
Para los que todavía anden despistados, esta mujer lleva más de ciento sesenta años contándonos una historia de amor frustrado, de superación alimentada por el rencor, de errores insidiosos, de perdón e inocencia. ¿Ya?
De hecho, si aún viviera, estaría cobrando millones y millones de euros por los derechos de autor de las múltiples ediciones en varios idiomas, de las diferentes versiones cinematográficas, de las distintas adaptaciones teatrales, etc. ¿Nada?
En realidad, su propia vida y la de sus hermanas ya era «más extraña que la ficción» sin necesidad de incluir este éxito que todas ellas consiguieron y que jamás pudieron disfrutar plenamente. Aunque, de una forma u otra, retazos de sus experiencias y de sus conocimientos quedaron plasmados en las obras de todas ellas. En este caso, los páramos por los que vagan Catherine y Heathcliff.
Sí, quien intentó esquivar, junto a dos de sus hermanas, los tristes prejuicios de la época victoriana sobre las escritoras, utilizando un pseudónimo que no resultara demasiado evidente, fue Emily Brontë.
De esta forma, se autoeditaron un primer volumen de poemas. Y, a pesar de no tener demasiadas ventas, no cejaron en sus intentos. Siguieron escribiendo, pero esta vez se decantaron por las novelas. Así también, en 1847, fue publicada Cumbres borrascosas.
Aunque… esto merece una entrada aparte, o varias.

Io e te, tre metri sopra il cielo

Con esta entrada, queremos inaugurar una nueva sección, donde hablaremos de autores a quienes, posteriormente, las editoriales estarían encantadas de publicar una y mil obras, pero que, en su día, comenzaron con la autoedición.

Y, para estrenar este apartado, nos gustaría recordar los comienzos de un súper ventas internacional, con varias adaptaciones cinematográficas, y fenómeno social: Federico Moccia.

Ahora mismo, podemos encontrar en la cartelera de nuestros cines A tres metros sobre el cielo, una versión española de su Tre metri sopra il cielo, que ya tuvo su propia adaptación italiana. Y es que, tal ha sido el éxito de este libro en nuestro país, que a los productores les ha merecido la pena crear, incluso, una nueva película.

Viéndolo ahora, pareciera mentira que, tan sólo hace unos años, esta misma obra fuese rechazada, una y otra vez, por distintas editoriales. Sí, suena «más extraño que la ficción». Pero el señor Moccia no se rindió, sino que decidió continuar luchando. Recurrió a la autoedición, realizó dos tiradas de 2000 ejemplares y, según cuentan, fotocopias de éstas siguieron circulando de mano en mano.

Con esta primera obra, Federico Moccia logró abrirse un camino que, en demasiadas ocasiones, está vedado por una élite que preestablece ciertos requisitos, no siempre literarios, desafortunadamente.

Después, llegaron Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor, Perdona pero quiero casarme contigo —todas ellas también películas— y otras tantas novelas más.

Puente Milvio, donde las parejas, evocando a los protagonistas de Tengo ganas de ti, cuelgan candados en señal de su amor.